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Diferencia entre Biblias Católicas y Protestantes

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Las Biblias protestantes se diferencian de las católicas principalmente en el número de libros, en el imprimatur  o aprobación eclesiástica y en las notas o comentarios.

A.- En cuanto al número de libros del Nuevo Testamento, el texto de las ediciones protestantes corrientes no tiene mayores diferencias con una Biblia católica; en cambio, en el Antiguo Testamento las Biblias protestantes carecen de siete libros (Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, y los dos Macabeos) y de algunos pasajes del libro de Ester (capítulo 10, vers. 24 al 90; y cap. 13, vers. 1 al 14). Esta semejanza en el Nuevo Testamento y diferencia en el Antiguo, provienen de que los protestantes modernos aceptan el canon del Nuevo Testamento establecido por la Iglesia a finales del siglo IV, pero no el del Antiguo Testamento establecido al mismo tiempo, ya que se rigen por el canon que la Sinagoga judía estableció a fines del siglo I. Y decimos los protestantes modernos, porque Lutero llegó a rechazar también la Epístola a los Hebreos, las de Santiago, y Judas y el Apocalipsis de San Juan. Hasta el siglo XVII, algunos de sus secuaces rechazaban también la segunda carta de S. Pedro y la segunda y tercera de S. Juan, lo que es una prueba de más de las arbitrariedades cometidas con la Biblia so pretexto de la Reforma.

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El asesinato de Romero

Monseñor Romero protegió a los guerrilleros que combaten al gobierno para instaurar la revolución marx-castro-sandinista en El Salvador y comprometió en esto el prestigio de la Iglesia.

(Tomado del periódico católico “SI SI NO NO” de Roma, edición de Mayo de 1980. traducción del italiano: Prof. Rafael Rodríguez)

¿VÍCTIMA POLÍTICA O RELIGIOSA?

Un católico no puede sino deplorar el homicidio que es una gravísima ofensa a la ley de Dios, pecado que clama venganza ante su vista. Y más todavía cuando el homicidio se agrava por un horrendo sacrilegio, ya que fue cometido en un lugar sagrado, mientras la víctima celebraba la Misa: es el caso de Monseñor Romero, arzobispo de El Salvador.

Es famoso en la historia el asesinato de Santo Tomás Becket quien los sicarios del rey de Inglaterra, Enrique II Plantagenet, asesinaron sobre el altar de la catedral de Canterbury en diciembre de 1170.

La similitud entre los dos asesinatos aparecía fácil y así lo comentaron todos ...

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La gran persecusión cristiana del Emperador Dioclesiano

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En febrero del 303 los emperadores Galerio y Diocleciano promulgan el primer decreto de persecución contra los cristianos. La decisión fue dictada por una feroz superstición religiosa. Fue una paradoja, porque, visto desde el exterior, ya entonces el Imperio romano era considerado el imperio de los cristianos. La persecución durante un decenio fue semilla de cristianos, pero también causa de traiciones y laceraciones en la Iglesia.También el obispo de Roma, el papa Marcelino, ofreció incienso a los dioses

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Por Lorenzo Cappelletti (Articulo de archivo, revista 30 Giorni)

La madrugada del 23 de febrero del 303 –día de los Terminalia, la festividad de “Júpiter de los confines” (Iupiter Terminalis), que podía haber sido el momento simbólico para terminar definitivamente con la fe cristiana–, los pretorianos arrasan la basílica cristiana de Nicomedia, la ciudad donde residían entonces los emperadores Diocleciano y Galerio. Aquel mismo día, o el día después, fue emanado un edicto que, por lo que respecta a los cristianos, decretaba la destrucción de sus lugares de culto y sus libros sagrados; la expulsión de los cargos públicos y la privación del derecho a defenderse frente a cualquier tipo de acusación; la degradación de los cristianos más ilustres, que podían por ello ser sometidos a tortura; y, por lo que se refiere a los esclavos cristianos, la imposibilidad de ser liberados.

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El Papa Pío X, mandó que se estudiara la filosofia de Santo Tomás de Aquino, por medio del Motu Proprio “Doctoris Angelici”

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La filosofía escolástica, base de los estudios sagrados

   Ningún católico sincero puede poner en duda la siguiente afirmación del Doctor Angélico: Reglamentar el estudio compete, de modo particular, a la autoridad de la Sede Apostólica que gobierna a la Iglesia universal, y a ello provee por medio de un  plan general de estudios[i][i]. En varias ocasiones hemos cumplido con este magno deber de Nuestro oficio, principalmente cuando en nuestra carta Sacrorum antistitum, del 1 de septiembre de 1910, nos dirigíamos a todos los Obispos y a los Superiores de las Ordenes Religiosas, que tienen el deber de atender a la educación de los seminaristas, y les advertíamos: «Por lo que se refiere a los estudios, queremos y mandamos taxativamente que como fundamento de los estudios sagrados se ponga la filosofía escolástica… Es importante notar que, al prescribir que se siga la filosofía escolástica, Nos referimos principalmente a la que enseñó Santo Tomás de Aquino: todo lo que Nuestro Predecesor decretó acerca de la misma, queremos que siga en vigor y, por si fuera necesario, lo repetimos y lo confirmamos, y mandamos que se observe estrictamente por todos. Los Obispos deberán, en el caso de que esto se hubiese descuidado en los Seminarios, urgir y exigir que de ahora en adelante se observe. Igual mandamos a los Superiores de las Ordenes Religiosas».

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Concilio Vaticano II: Ruptura entre magisterio tradicional y magisterio modernista (postconciliar)

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INTERESANTE ESTUDIO PUBLICADO POR EL PORTAL TRADICION DIGITAL (ABAJO EL LINK) QUE DEMUESTRA A LAS CLARAS EL ALEJAMIENTO PAULATINO EXPERIMENTADO POR EL MAGISTERIO POSTCONCILIAR CON RESPECTO AL MAGISTERIO TRADICIONAL.
Por J. R. G. Cipitria (Sofronio)
Muchos son los que han querido demostrar la ruptura con la Tradición que supuso el Concilio Vaticano II y el magisterio que le siguió; unos lo intentaron desde la teología sacramental, otros desde la dogmática, menos desde el derecho canónico; todos, sin embargo, han acumulado numerosas pruebas del intento de fundar una nueva religión.
No obstante, y a pesar de la existencia de tantos hechos objetivos, ninguno ha convencido mayoritariamente a la masa de católicos de que tal ruptura, evidente, suponga un abandono de la fe católica; esta dificultad de convencer a los hermanos se debe a varios factores, de los que señalo sólo dos:
a) a la gran masa de católicos que incumplen con el deber de conocer la fe que profesan, estando sumidos en una ignorancia sobrecogedora;
b) porque esa nueva fe proclamada por la jerarquía se apoya, en parte, en una verdad siempre católica para proclamar un nuevo ‘credo’ que ya no es católico; de ahí proviene la gran dificultad de distinguir.
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La Santísima Trinidad

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La Trinidad según San Agustín

1. La fe de la Iglesia: criterio último y punto de referencia

Nuestra consideración sobre la doctrina de Agustín se centrará en su obra «De Trinitate» .A esta obra capital él mismo la llama «opus tam laboriosum» ;trabajó en ella durante largo tiempo (unos veinte años), terminándola alrededor del 419/420. Para M. Schmaus 3,el «De Trinitate» de san Agustín es «el más imponente monumento literario dedicado a la especulación teológica trinitaria».

La obra se puede dividir en dos partes. La primera consta de ocho libros: los libros I-IV tratan de la fe trinitaria según la doctrina de la Iglesia y el testimonio de la Sagrada Escritura. Los libros V-VIII se esfuerzan en clarificar conceptualmente el dogma. En la segunda parte, los libros VIII-XV tratan de acercarse al misterio trinitario con analogías de la creación. En este contexto, san Agustín intercala diversos temas y cuestiones que no tienen ninguna conexión directa con la doctrina trinitaria. En su conjunto, la obra surge del esfuerzo vital por comprender aproximadamente y formular con palabras el misterio inefable del Dios trinitario.

Como muestra ya su propia estructura, el punto de partida de la doctrina trinitaria es la fe eclesial en el Dios trinitario. Más exactamente, se trata de la confesión, definida en el Concilio de Nicea, de que «el Padre, el Hijo y el

Espíritu Santo son de una sola y misma substancia, testificando con su inseparable igualdad la unidad divina; y que, por ello, no son tres dioses sino un solo Dios».

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Concilio Vaticano II, X. La asistencia del Espíritu Santo a la Iglesia en tiempos de “novedades”

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ARTICULO DE ARCHIVO (STAT VERITAS)

Si el dilema entre el Magisterio de “ayer” y el de “hoy” se plantease en el nivel de Magisterios ambos infalibles, la fe de los católicos estaría sometida a una prueba verdaderamente insoportable: nos encontraríamos, por la primera vez, frente a lo que no le fue dado encontrar a Newman, anglicano todavía, en la historia de la Iglesia, a saber, que ésta expresándose “como oráculo del cielo” se hubiera contradicho a sí misma. Pero en razón de la divina asistencia, que no está ahora menos presente en la Iglesia, el dilema, a pesar de un Concilio ecuménico, no se plantea en el nivel del Magisterio infalible. Sabemos con la Iglesia que la infalibilidad está asegurada a cada uno de los actos del Magisterio infalible, no del Magisterio auténtico: para este último, la seguridad de la doctrina permanece directamente proporcional al amor y al apego a lo antiguo que profesa el que ejerce el Magisterio, y por lo tanto, a la diligencia humana de no enseñar nada que no sea conforme a la Tradición; y es inversamente proporcional al amor a las “novedades” y a la aversión a la Tradición (82). Lo que no quiere decir que, cuando el amor por las “novedades” y la aversión a la Tradición prevalecen en los hombres de Iglesia, la asistencia del Espíritu de Verdad falte en la Iglesia. Eso significa que, en semejante situación esta asistencia guarda a la Iglesia de enunciados “infalibles” erróneos y garantiza que el error, eventualmente aparecido, no podrá establecerse sin suscitar oposición y, sobre todo, que no se establecerá definitivamente. Es, en resumen, no una asistencia particular garantizada hic el nunc para tal acto determinado, en tal circunstancia precisa, sino una asistencia general, a la Iglesia en su conjunto y no a diversos actos particulares del Magisterio, asistencia que no se verifica más que a largo plazo, en el hecho de la conservación inalterable del “depósito de la Fe”, no obstante las eventuales vicisitudes contrarias. Es por eso que mientras que un solo acto del Magisterio auténtico no puede reivindicar para sí la nota de infalibilidad, esta nota, por el contrario, afecta ciertamente al Magisterio auténtico de “ayer” en su continuidad: su constancia, su universalidad, su consonancia con la Tradición, confirmada por el consentimiento unánime, postulan la infalibilidad activa y pasiva, in docendo et in credéndo de la Iglesia. Es por eso que los Padres de la Iglesia y los teólogos “confirmados” afirman que una creencia constante y unánime en materia doctrinal equivale, en la práctica, a una definición pronunciada por un Concilio ecuménico o dogmático; esta convicción, el Magisterio infalible la ha hecho suya, siendo implícitamente definida por el Vaticano I en su mención del “Magisterio ordinario y universal” (83), que dio el punto de partida a la profundización teológica sobre el Magisterio ordinario infalible.

Se debe concluir entonces en la superioridad del Magisterio de “ayer”, infalible, incluso el ordinario, sobre el Magiste...

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Promesas de Cristo sobre la infabilidad del Magisterio de la Iglesia

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LA IGLESIA INDEFECTIBLE

(APUNTES ENTRESACADOS DE LOS ESCRITOS DEL SACERDOTE JESUITA JOAQUIN SAENZ Y ARRIAGA)

Todos los ataques de la herejía y del cisma, en el decurso de la historia de la Iglesia, y particularmente los que nacieron de la revolución religiosa del protestantismo, ultimadamente han de concentrarse y refundirse en el desconocimiento y la impugnación, más o menos violenta, del punto central de nuestra fe católica: la existencia, la naturaleza y la autoridad suprema e infalible del magisterio vivo de la Iglesia.

Hemos demostrado en uno de los artículos anteriores, comentando las últimas palabras del Divino Maestro a sus Apóstoles, que Jesucristo, verdadero Hijo de Dios, para engendrar y propagar y conservar la fe en su doctrina y en su religión, instituyó ese magisterio vivo, personal, compuesto de hombres que con su autoridad divina enseñase a todas las gentes y hasta la consumación de los siglos lo que todos debemos creer y lo que todos debemos hacer para salvarnos.

Hemos demostrado que, dada la naturaleza y la misión de la Iglesia, encaminada a la salvación de todas las gentes, sin distinción de tiempos ni de lugares, ese magisterio tenía que ser perpetuo y además infalible: y que su infalibilidad quedó plenamente garantizada por la promesa que hizo Jesucristo a sus Apóstoles de quedarse en su Iglesia hasta la consumación de los siglos.

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Epopeya cristera XI: La revolución Mundial intenta fundar la Iglesia Católica Mexicana

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Como preludio de la nueva gran ofensiva que se iba a lanzar contra la Iglesia Católica en México, intentó la Revolución fundar una iglesia mexicana independiente de Roma, una iglesia cismática. No obstante la intensa propaganda que se hizo a favor del cisma, visitando en algunos lugares parroquia por parroquia, haciendo halagadoras promesas y ofreciendo elevados salarios a los sacerdotes que se adhieran a la nueva iglesia, únicamente pudo contar para el intento con Joaquín Pérez y Budar, un viejo sacerdote afiliado a la masonería, extravagante y mentalmente perturbado y con el sacerdote español Manuel L. Monge.

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(En la foto el Patriarca Perez oficiando Misa)

La noche del 22 de febrero de 1925, un grupo de cien hombres asaltó y se apoderó de la parroquia de La Santa Cruz de la Sol...

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Epopeya cristera X: El verdadero sentido de la Vida

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EL VERDADERO SENTIDO DE LA VIDA. (Autor: Ing. Anacleto Gonzalez Flores, martir Cristero)

Discurso pronunciado el día 26 de agosto de 1916, en la primera sesión celebrada por la A.C.J.M. en la ciudad de Guadalajara.

Entre la muchedumbre incontable de las ideas que revolotean en los cerebros y que todos los días se escapan y se precipitan por todos los rumbos, como aves de luz en busca de un cielo que iluminar y de un espacio azul que romper con sus alas; unas hay que apenas rozan el polvo de la tierra, que apenas tocan la superficie de los cuerpos y que pasan lejos, muy lejos de las almas y van a perderse, a hundirse y a desaparecer en los confines en que cae, desaparece y se hunde lo frágil, lo deleznable, lo impotente; otras, como la luz que baja de los cielos a calentar las frondas ateridas, a rejuvenecer los troncos envejecidos y a teñir todos los capullos, y como el agua que cae del firmamento y humedece y hace brotar todos los gérmenes; van a lo más alto y a lo más bajo del espíritu humano, tocan todas las lejanías, se extienden a todos los confines y bajo el influjo incontrastable de los hechos se hacen orientación suprema de las inteligencias, de los corazones, de las voluntades, en fin, de los hombres y de las cosas.

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Y aquellas ideas, es decir, las que desaparecen y se hunden allí donde se hunde y desaparece lo deleznable y lo impotente, tienen un carácter del todo accidental y accesorio y por lo mismo no le importan a la humanidad sino de muy lejos, y la discusión que se trabe acerca de ellas debe ser breve y aún debe abandonarse para fijar honda y muy hondamente, profunda y muy profundamente la mirada del espíritu en los principios de poder decisivo y de fuerza trascendental. ¡Ah! Y en torno de ellos debe trabarse la más ardiente de las batallas, debe librarse el más reñido de los combates y debe entablarse la más formidable y acalorada de las discusiones, porque batallar, luchar y discutir alrededor de los grandes pensamientos, es lo mismo que batallar, luchar y discutir en tomo de los grandes destinos del género humano.

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