RECIENTE CARTA PASTORAL SOBRE LA FAMILIA

 

Monseñor Martin Dávila Gándar es Superior de la Sociedad Sacerdotal Trento y dirigió esta carta pastoral a los fieles católicos en la festividad de la Sagrada Familia. Domingo 10 de enero de 2010.
Queridos hermanos en Cristo, me es grato escribirles en una de mis primeras cartas pastorales, sobre un tema que es de capital importancia, y que en estos tiempos, es de vital necesidad, para toda la sociedad, ya que sobre la familia recae todo el peso de esta misma como base que de ella es.
Es de notar en estos tiempos, la tremenda crisis que sufre la sociedad entera, en todos los aspectos, y sobre todo en lo religioso con tantas y tan variadas religiones y sectas que hoy en día proliferan, y lo que todavía es más terrible, la crisis causada en la religión verdadera, la Iglesia Católica por el gran cisma provocado por el Concilio Vaticano II; siendo casi destruida esta Santa Institución (la Iglesia Católica); el demonio, los enemigos de Dios y de la Iglesia, ya casi sin ninguna defensa han ido triturando la base de toda la sociedad que es la familia.
Es triste ver, los terribles efectos de esta crisis, como la corrupción en todos los aspectos, como el alcoholismo, la drogadicción, hurtos, fraudes, pornografía, etc., esto es por nombrar algunos estos terribles efectos.
Ante esta situación, es necesario que los Verdaderos Obispos y Sacerdotes defendamos estas dos Santas Instituciones, la familia y la Iglesia Católica.
Sobre el matrimonio y la familia Cristiana es necesario, recordar:
1. Que Dios Nuestro Señor la Instituyo cuando creo a Adán y a Eva, y ahí mismo los unió en Matrimonio, como lo dice, el capitulo 2 del Génesis.
2. Que es un Sacramento de la Nueva ley, Instituido por Jesucristo para santificar esa unión entre el hombre y la mujer, y también para comunicarle gracia para vivir cristianamente y educar a sus hijos en el santo temor de Dios.
3. Que es necesario para la propagación del genero humano, Dios mismo les da el poder de engendrar hijos, cuando les dice crecer y multiplicaos y poblar la tierra como no lo recuerda las Sagradas Escrituras, por eso es necesario, en estos tiempos donde prolifera el aborto y la castración en el hombre y la mujer, confiar en la providencia de Dios y pensar que el criador no puede engañarse ni engañarnos y que por tanto es perfecto y todopoderoso; precisamente la desgracia del hombre comienza cuando llevado por la soberbia satánica, empieza a idolatrarse así mismo y desconfiar de Dios.
4. Se debe, hacer notar también la Dignidad de este Sacramento, y recordar las palabras de Jesucristo, “lo que Dios ha unido, no lo desuna el hombre” (S. Mat. 19, 6). Estas palabras se deben llevar grabadas en estos tiempos, donde abunda, el adulterio y el divorcio, y donde tanto los gobiernos del mundo como la nueva Iglesia nacida del Vaticano II, han traicionado a la familia; los primeros autorizando legalmente el divorcio, y los segundos, dando dispensas de una manera escandalosa, para prueba basta ver las frías estadísticas, de indultos y dispensas que hace la nueva Iglesia en los Estados Unidos de Norte America.
Es fundamental, recordar las obligaciones del matrimonio:
1. como el de amarse mutuamente, en donde se refleje la unión de los corazones, donde se vea un solo corazón y una sola alma, así como no los dice Dios Nuestro Señor en el (Gen. 2, 24), ‘y los dos vendrán a ser una sola carne.
2. Ese amor debe ser verdadero, manifestado no por simples palabras, sino por obras.
3. El amor debe ser constante, no de un día, ni de dos, sino para toda la vida.
4. Debe ser cristiano no sensual, egoísta, sino lleno de cariño santo y de temor de Dios.
5. Ha de haber una inviolable fidelidad por lo que no es permitido dar el corazón a otra persona; “la mujer no es dueña de su cuerpo, sino que lo es el marido. Y así mismo el marido no es dueño de su cuerpo sino que lo es la mujer” (I Cor. 7, 4).
6. También ha de existir una castidad conyugal, llena de amor puro, teniendo los esposos la obligación de evitar todo aquello que pudiera ofender la mirada pura de Dios y fuera contra la virtud de la castidad.
Atenta contra la santidad del Matrimonio y la virtud de la castidad todo lo que tuviera por objeto impedir la generación.

Obligaciones Individuales:

1. El marido tiene que profesar a su esposa, un amor tierno, delicado, fiel; teniéndole mucho respeto y consideración.
2. La esposa debe estar sujeta al marido, obedecerle en todo lo que sea justo; debe ser amable, paciente y darle al igual que el marido el primer lugar a la familia, claro está, después de Dios.
3 . El marido tiene que proporcionar a la familia todo lo que sea necesario para el sustento y gastos indispensables, según la posibilidad de cada uno; no debe malgastar el dinero en juegos o en bebidas, sino emplearlo en mejorar la situación de la casa.
4. La esposa está obligada a economizar, a emplear bien el dinero, y a esmerarse en las cosas del hogar.
Aparte de cuan necesario es cumplir con estas obligaciones ya anunciadas, hay otra imperiosa necesidad que tienen los casados, que es “la gracia de Dios”.
En el matrimonio, hay que sobrellevar innumerables penas que lleva consigo este estado de vida, y a la vez que preservarse de los graves peligros que hay en la conciencia, y solamente con la gracia de Dios se puede alcanzar éxito, en esta importante empresa que es la familia.
Notemos algunas de las penas y peligros, que trae consigo el matrimonio:
a) Sabemos que el Sacramento es indisoluble y esto hace que sea una carga pesada; una cruz que en ocasiones se hace casi imposible de sobrellevar. La diferencia de caracteres, de temperamentos; los celos y las sospechas son motivos de graves disgustos, y es necesaria mucha gracia de Dios para tener paciencia; tan solo Dios Nuestro Señor es quien en tales ocasiones puede fortalecer el corazón humano para llevar resignadamente su cruz.
b) Con relación a los hijos, porque a menudo faltan los medios necesarios para su educación, alimentación y vestido.
Habrá penas también porque por grandes esfuerzos que se hagan para educarlos debidamente y crezcan en el santo temor de Dios, los hijos no corresponden a tales esfuerzos, se revelan a sus padres, y entran en un camino de libertinaje y disolución solamente la gracia de Dios puede aliviar semejantes penas.
Hay peligros que es necesario evitar en el matrimonio; y realmente se requiere de la gracia de Dios para poder hermanar cosas que entre sí es difícil conciliar, como:
a) La licencia conyugal con la continencia y la castidad; más en estos tiempos, donde la pornografía reina en todas partes.
b) Otra de las cosas difíciles de compaginar es la amistad sincera con la criatura, sin detrimento de la fidelidad inviolable que se debe a Dios; “cuan difícil es que el cariño que se tienen que profesar los esposos no venga a disminuir el amor que se le debe a Dios nuestro creador.
c) Es difícil hermanar, el buscar los bienes de la tierra sin que el corazón se apegue a ellos. El deber de sustentar a la familia obliga a los esposos a buscar los medios necesarios para la vida, y educación de los hijos. De ahí el peligro de que nazca en el corazón la codicia de los bienes terrenos, de que se cometan injusticias y de que haga más aprecio de las cosas de este mundo que de las celestiales.
Solamente la gracia del Sacramento es la que puede endulzar estas penas y librar de estos peligros.
Otro factor muy importante en el matrimonio es la comunicación, ya que sin ella, se corre el riesgo de volverse monótona y mecánica la relación de los esposos; la buena comunicación es el ingrediente que retroalimenta el amor de los cónyuges.
Aparte hay otros ingredientes que ayudan a las familias a lograr una estabilidad y felicidad relativa en esta vida.
1. Como el que los cónyuges busquen cierta igualdad, claro se sobrentiende que la cabeza del matrimonio es el marido, pero no debe de olvidarse que ante todo son una pareja, la esposa ni es esclava ni tampoco su cabeza ante todo es su compañera.
2. Una familia feliz se basa también en el sacrificio mutuo de todos sus integrantes, donde no solo los padres tienen que hacer sacrificios sino también los hijos; es necesario dar a los hijos trabajos domésticos, como el barrer, el asear su habitación etc.. Y así como sus padres se sacrifican por hacerles regalos en Navidad y días especiales, así también los hijos, deben ahorrar para regalarles a ellos, en el día del padre o de la madre.
3. Para lograr felicidad y tranquilidad en la familia, es necesario que halla reglas. Los hijos saben exactamente lo que pueden hacer sin ofender a otros, y lo que no deben hacer. Saben que serán castigados si violan las reglas.
El establecer reglas familiares definidas requiere completo acuerdo entre el padre y la madre. Pocas cosas desconciertan tanto a los niños como el que su padre establezca una regla de conducta y su madre haga continuas excepciones de ella. Una vez puestos de acuerdo los padres, ninguno debe de cambiar las reglas sin consultar al otro; de otra manera, el hijo no sabrá que se espera de él. Y tanto el padre como la madre deben poner algo de su parte para hacerlas cumplir.
Esta revisión que hemos hecho; de la naturaleza, obligaciones y características y ingredientes especiales del matrimonio, nos sugiere el lograr un ambiente genuinamente cristiano, ya que un hogar no es producto de la casualidad, sino que deben poner en práctica los principios que son resultado de reconocer el hecho de que la familia debe ser un triángulo con Dios en el vértice; de no ser así estará condenada a fracasar. Por que las características propias de un hogar santo, feliz y fuente de la fuerza para sus miembros, solo proviene de Dios todopoderoso. El amor que la madre despliega para su hijo, la manera justa y congruente en que el padre ejerce su autoridad, no son sino copias humanas de la amorosa autoridad que Dios ejerce sobre todos sus hijos. Y el respeto por Dios y por cada uno, que los miembros de la familia despliegan en el hogar verdaderamente cristiano y feliz procede de los mandamientos más importantes: que amemos a Dios con todo nuestro espíritu y todo nuestro corazón, que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos.
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