ARTICULO DE ARCHIVO (STAT VERITAS)
Si el dilema entre el Magisterio de “ayer” y el de “hoy” se plantease en el nivel de Magisterios ambos infalibles, la fe de los católicos estaría sometida a una prueba verdaderamente insoportable: nos encontraríamos, por la primera vez, frente a lo que no le fue dado encontrar a Newman, anglicano todavía, en la historia de la Iglesia, a saber, que ésta expresándose “como oráculo del cielo” se hubiera contradicho a sí misma. Pero en razón de la divina asistencia, que no está ahora menos presente en la Iglesia, el dilema, a pesar de un Concilio ecuménico, no se plantea en el nivel del Magisterio infalible. Sabemos con la Iglesia que la infalibilidad está asegurada a cada uno de los actos del Magisterio infalible, no del Magisterio auténtico: para este último, la seguridad de la doctrina permanece directamente proporcional al amor y al apego a lo antiguo que profesa el que ejerce el Magisterio, y por lo tanto, a la diligencia humana de no enseñar nada que no sea conforme a la Tradición; y es inversamente proporcional al amor a las “novedades” y a la aversión a la Tradición (82). Lo que no quiere decir que, cuando el amor por las “novedades” y la aversión a la Tradición prevalecen en los hombres de Iglesia, la asistencia del Espíritu de Verdad falte en la Iglesia. Eso significa que, en semejante situación esta asistencia guarda a la Iglesia de enunciados “infalibles” erróneos y garantiza que el error, eventualmente aparecido, no podrá establecerse sin suscitar oposición y, sobre todo, que no se establecerá definitivamente. Es, en resumen, no una asistencia particular garantizada hic el nunc para tal acto determinado, en tal circunstancia precisa, sino una asistencia general, a la Iglesia en su conjunto y no a diversos actos particulares del Magisterio, asistencia que no se verifica más que a largo plazo, en el hecho de la conservación inalterable del “depósito de la Fe”, no obstante las eventuales vicisitudes contrarias. Es por eso que mientras que un solo acto del Magisterio auténtico no puede reivindicar para sí la nota de infalibilidad, esta nota, por el contrario, afecta ciertamente al Magisterio auténtico de “ayer” en su continuidad: su constancia, su universalidad, su consonancia con la Tradición, confirmada por el consentimiento unánime, postulan la infalibilidad activa y pasiva, in docendo et in credéndo de la Iglesia. Es por eso que los Padres de la Iglesia y los teólogos “confirmados” afirman que una creencia constante y unánime en materia doctrinal equivale, en la práctica, a una definición pronunciada por un Concilio ecuménico o dogmático; esta convicción, el Magisterio infalible la ha hecho suya, siendo implícitamente definida por el Vaticano I en su mención del “Magisterio ordinario y universal” (83), que dio el punto de partida a la profundización teológica sobre el Magisterio ordinario infalible.
Se debe concluir entonces en la superioridad del Magisterio de “ayer”, infalible, incluso el ordinario, sobre el Magiste...
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