edicto de milan temas etiquetados

El emperador Constantino y la cristanización del Imperio Romano

constantino 001

Luis Alonso Somarriba
Arvo.net, octubre 2011

     Desde su fundación, por Jesucristo, la Iglesia católica sufrió persecuciones, primero por parte de las autoridades judías, en Palestina, y posteriormente, desde el año 64, de los emperadores romanos. Durante dos siglos y medio el cristianismo fue declarado como una religión ilícita (christianos esse non licet) en el Imperio romano, y sus fieles podían ser condenados a muerte. De hecho fueron innumerables los que murieron como mártires de su fe en este período. Pero la perseverancia de estos primeros cristianos –la mayor parte de los cuales no llegaron a ver el final del túnel– tuvo su recompensa, y la cruz logró triunfar sobre el mayor poder de la Antigüedad, Roma.

     Apenas diez años después de la última gran persecución, la de Diocleciano (303), que fue la más sanguinaria, la situación cambió súbitamente, dando un giro de 180 grados, gracias a un nuevo emperador, Constantino, para muchos cristianos auténtico instrumento de Dios. Constantino era hijo de Constancio Cloro, el cual como  gobernante en las Galia y Britania, en tiempos de Diocleciano, había protegido a los cristianos. Por lo que parece, las creencias religiosas de Constantino evolucionaron hacia el monoteísmo, que se concretó en el culto al Sol Invictus. Dicha creencia en una única divinidad no fue el punto final de aquella evolución. Como muchos romanos, Constantino había conocido de cerca el cristianismo: fue testigo de la persecución del 303, y, seguramente, pudo apreciar la coherencia de vida, las virtudes y el ejemplo valiente de personas de su entorno, fieles seguidores de Cristo. Es razonable que, en este ambiente, en su afán de búsqueda, se planteara la posibilidad de que el Dios de los cristianos fuera el único y verdadero Dios.

Leer más